Bali, un suceso incomprensible

En la mayoría de las grandes ciudades hay tránsito. Es lentitud, es estar frenado paspando moscas o, en el mejor de los casos, escuchando un buen programa de radio. En cierto punto, es sentir la pérdida de tiempo.

En Bali también hay tránsito. Hay motos, las que suelen usar para el delivery de pizza. Esas que son un híbrido entre scooter y moto. Hay demasiadas, negras, rojas, blancas, grises y matices de grises, pero no hay tránsito.

Hay calles principales asfaltadas, pero con piedras sueltas. También hay muchas otras callecitas de tierra, de tierra y desechos, de tierra y pedazos de cemento que conforman un laberinto. Lo ancho es angosto, bien angosto, lo que en cualquier país se considera calle de una sola mano. Los semáforos no existen y la única señal que se usa es el bocinazo.

Por desconocimiento del terreno, el primer día un recién llegado pide un driver, símil taxi. Se sube asumiendo que el trayecto va a ser como cualquier otro, a lo sumo un poco de tránsito, entonces empieza la carrera de Daytona con todos los obstáculos del Mario Party: el driver acelera, pasa a una moto, pasa entre dos motos, toca la bocina esquiva una moto que aparece de la nada, no frena en las esquinas y sigue. Acelera a toda velocidad y de frente, ve venir una moto, otra moto y ahí uno reza por su vida, se asegura de que el cinturón de seguridad este bien abrochado, vuelve a rezar mientras cierra los ojos y respira profundo, sin aliento festeja en silencio, el auto del driver pasó.

Bocinazo y el driver sigue a toda máquina, por un pelo no toca a la señora que carga un canasta con frutas sobre su cabeza. Gira en la curva y cada curva se vuelve una maldición, una milésima de segundo donde todo queda en manos del destino o del driver. Es un manejo irreal, vertiginoso de esos que no sabes si saltar del auto o asombrarte. Son muchos mísiles motorizados, son balineses.

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Nosotros

Somos Tamar y Lucas, una pareja argentina que vivió los últimos 3 años en Sídney, Australia. Durante ese tiempo, además de trabajar, recorrer y disfrutar de un gran país, empezamos a idear un proyecto: dar la vuelta al mundo.
Hoy finalmente, lo estamos concretando.

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