Navidad en Japón

Llovía en Kioto. El agua caía con fuerza invitando a resguardarse bajo techo. El frío húmedo penetraba los huesos y la sensación térmica solo se apaciguaba con la ilusión de una sopa bien caliente. Eran las 9pm de un domingo de diciembre, uno de los pocos domingos que podía dejar su nombre atrás y llamarse Nochebuena.

El 24 de diciembre habíamos salido temprano para recorrer Kioto, antigua capital imperial japonesa, cautivante por la belleza y abundancia de sus templos, por las calles empedradas bordeando el río y por los cerezos adornando el conocido Camino del Filósofo. Cuando llegamos a Japón, alrededor del 20 de diciembre, nos sorprendió ver árboles de Navidad en las puertas de las casas y a los Shopping sumamente decorados. En cada tienda sonaba un villancico en inglés. Salimos esa mañana del 24 con nuestro espíritu navideño bien arriba, sabíamos que, en Japón, la Navidad no era importante, pero ante tanto despliegue verde y rojo asumimos que algún tipo de festejo iba a haber.

Entradas las 8pm salimos de un Shopping, donde permanecimos horas disfrutando de los sillones de masajes gratuitos, y vimos que había empezado a llover. Compramos un paraguas, nos tomamos un colectivo y regresamos a nuestro hostel. Faltaban 3 horas para medianoche. Nuestra situación era la siguiente: las tres chicas americanas del hostel que habíamos conocido la noche anterior ya tenían el pijama puesto. La única señora japonesa estaba frente a la computadora organizando su agenda turística. Otro chico de pelo largo, que jamás vimos se preparaba una taza de té. No había dudas, en nuestro hostel no iba a ver ningún tipo de festejo. Afuera, seguía lloviendo. Nos fijamos en Google bares por la zona que cierren tarde y la mayoría cerraban antes de medianoche. Agendamos algunos que cerraban a las 3am y con bufanda, guantes, campera, gorro, botos paraguas y mucha actitud caminamos hacia el centro.

Luego de una comida rápida en Mc Donald’s, sin pan dulce o turrones, llegamos a un bar 100% japonés. El lugar no tenía sillas, solamente tres mesas altas para acomodarse alrededor. Un bar chiquito, típico de Japón, donde no entran más de 15 personas. Pedimos dos cervezas y observábamos como nos observaban. Faltaban 60 segundos para las 12. Miramos el reloj y nos quedamos expectantes. Faltaban 10 segundos, 9, 8,7,6, 5, la camarera seguía tomando pedidos 3, 2, 1 y … nos miramos, brindamos, nos dijimos mutuamente Feliz Navidad y nos abrazamos sintiendo que estábamos aislados y que el murmullo a nuestro alrededor seguía y se alejaba de nosotros, de nuestra fantasía de Navidad conocida y así como nos imaginábamos a amigos y familiares descorchando, gritando, entendimos que en Japón la Navidad no se festeja.

#japon

Nosotros

Somos Tamar y Lucas, una pareja argentina que vivió los últimos 3 años en Sídney, Australia. Durante ese tiempo, además de trabajar, recorrer y disfrutar de un gran país, empezamos a idear un proyecto: dar la vuelta al mundo.
Hoy finalmente, lo estamos concretando.

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